¿Cuáles son las Características de un Buen Político?

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Miércoles, Enero 27, 2010

La prensa y el público prestan mucha atención a lo que dicen los politicos, pero menos a lo bien que hacen lo que deben hacer. Antiguo Miembro del Congreso Lee Hamilton explica "Cuáles son las Características de un Buen Político."

Miembros del Congreso tienen un rol central en nuestras vidas. Ellos forman nuestro sistema sanitario, toman decisiones críticas sobre la economía estadounidense, y representan las esperanzas e intereses de cada estadounidense en Washington. Dado esto, siempre me sorprende que relativamente poca atención se enfoca en examinar detenidamente si alguien que sirve en o se presenta para el Congreso tiene los atributos personales necesarios para ser miembros efectivos de la institución. Si el comportamiento de alguien es turbio o desagradable, eso atraería atención. Pero las cualidades y habilidades que diferencian los buenos políticos deben atraer más atención.

La cualidad principal entre ellas es la sinceridad. El público puede creer que la política es un negocio sucio, pero los miembros efectivos del Congreso deben de ser dignos. Entienden que para trabajar juntos durante años, uno tiene que ser sinceros con sus colegas. Lo mismo es verdad cuando tratan a los constituyentes, quienes están buscando hipérboles y declaraciones engañosas.

Los mejores políticos también sostienen un nivel excepcionalmente alto de energía y una habilidad de enfocar en las tareas inmediatas. Tienden tener pocos pasatiempos, por la simple razón de que el puesto público absorbe todo el tiempo; siempre hay otra cosa que hacer.

La mayoría de los buenos políticos también son ambiciosos, en fuego con el deseo de lograr algo, y aunque muchos ven esto en términos personales, normalmente quiere decir ambiciones en póliza también. Quieren tener una mano en contribuir al éxito de la nación y en encontrar maneras de mejorar la vida para los que representan.

Mientras que la mayoría de los políticos – buenos e indiferentes – son expertos en identificar y aprovechar de temas que beneficiarán su partido, los mejores políticos tienen una habilidad extra: saben cómo usar el sistema para conseguir resultados. Entienden dónde ir en la burocracia federal por conseguir ayuda para un constituyente, y piensan creativamente sobre cómo usar el proceso legislativo y los intereses de sus colegas para avanzar un gol de póliza.

Quizás igual de importante, también entienden los límites de su poder – ambos lo que un legislador puede cumplir realísticamente y el hecho de que los legisladores podrían reaccionar a eventos pero rara vez los controla.

Esta habilidad de mantenerse en perspectiva es crucial a un político. Después de años en el puesto, es enormemente tentador pensar en un asiento legislativo como un derecho, como algo obtenido por derecho. No lo es. Los buenos políticos no sólo entienden que sirven en una democracia representativa, abrazan a los retos y a las oportunidades que les ofrece.

La esporádica excepción no obstante – Richard Nixon viene a la mente – son buenos comunicadores que sinceramente gustan a todo tipo de persona y están cómodos hablando con extranjeros en todo tipo de ambiente. Son accesibles a ambos los grandes y los humildes. Son sensibles al humor del ambiente, saben cómo leer un público, y son rápidos a responder. Son generalmente abiertos a otros puntos de vista, y saben que mientras puedan discutir con alguien sobre un tema, es probable que estén trabajando en él o ella sobre otro tema en el futuro.

Y quizás lo más importante, que entienden que la política es un dado y toma, y la habilidad de encontrar un bien común. Un bueno político escucha muy atentamente a los del otro lado, no sólo para aprender sus razones, pero especialmente para aprender cuánto los puede empujar y cuánto hay que empujarlos para llegar a un consenso.

Esto es porqué la política da mucha importancia a lo recursivo y la inteligencia, y, al paso del tiempo, tiende a desanimar anteojeras ideológicas – si se acerque a un problema diciendo que todo lo bueno está en su lado y que todo lo malo está con la oposición, entonces nunca logrará nada. Los buenos políticos persisten en intentar forjar un acuerdo sobre póliza o metas políticas, y que toman la derrota con calma; saben que los contratiempos y la crítica vienen con el territorio y rápidamente aprenden de ellos y siguen adelante.

Finalmente, nunca olvidarán de dónde son y lucharán por no sucumbir al Fiebre del Potomac. Entienden sus distritos y estados, siguen fieles a sus constituyentes, y tienen una fe perdurable en la consideración, la inteligencia, y el patriotismo de los votantes. Sin eso, es casi imposible ser un representante verdadero, poder expresar en los pasillos de los poderosos las esperanzas, los sueños, y los intereses de los estadounidenses corrientes. Para eso fueron mandados a Washington, y no lo deben olvidar.

(Lee Hamilton es Director del Centro del Congreso en Indiana University. Fue miembro de la Casa de Representantes de los Estados Unidos por 34 años.)