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Los ciudadanos también pueden ser poderosos cabilderos

Por Lee Hamilton

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Últimamente ha habido muchas noticias preocupantes respecto a la industria del cabildeo.
Las revelaciones sobre las manipulaciones del súper cabildero Jack Abramoff han corrido un velo que muchos en Washington quisieran que se hubiera mantenido en su lugar. El próximo inicio del nuevo subsidio para medicamentos de Medicare ha desatado un frenesí voraz en la industria de servicios de salud, pues varios intereses vienen intentando influir cómo se escribirán e implementarán las regulaciones para poder sacar ventajas de ellas.

Esto es suficiente para hacer pensar al ciudadano de a pie que las mejores frutas de nuestra democracia solo están disponibles para aquellos que pueden darse el lujo de contratar a gente para que las coseche.

Así que puede parecer un momento extraño para sugerir que usted y sus vecinos comparten una ventaja importante cuando se trata de afectar el curso de los eventos en Washington. Pero es cierto.

Puede que la industria del cabildeo tenga algunas ventajas—dinero, contactos, experiencia profesional, y lo que parecería ser una fuente inagotable de entradas para el Super Bowl y reservaciones para restaurantes de lujo—pero éstas no son las únicas cosas que cuentan. De hecho, todo esto puede ser desplazado por ciudadanos comunes y corrientes resueltos a utilizar al máximo sus propias fortalezas.

La primera de estas fortalezas es el hecho de que usted está representado en Washington por un miembro de la Casa de Representantes y dos senadores. De acuerdo a mi experiencia, la mayoría de miembros del Congreso toman muy en serio su papel de representantes de las necesidades y deseos de los electores en sus distritos de origen. Esto no solo significa que puede usted poner un pie en su oficina, sino que—asumiendo que quieran ser reelegidos—sus representantes serán reacios a ignorarlo. Usted comienza con un acceso que la mayoría de los lobistas tienen que construir de cero.

Más allá de este básico hecho constitucional, los miembros del Congreso también saben que la gente en sus distritos está frecuentemente en posición de comprender cómo es que una ley o disposición puede afectarlos. Los congresistas están listos para escuchar. Así que cuando éste venga a su distrito, usted tiene la oportunidad de reunirse con él de manera informal—para tomar un café, por ejemplo—que la mayoría de lobistas solo pueden envidiar.

Más aún, como los miembros del Congreso saben que necesitan evaluar los sentimientos de las comunidades que representan, usted y sus vecinos poseen una ventaja especial sobre los cabilderos acaudalados: si usted habla directamente y con convicción sobre cómo es que un proyecto de ley puede afectarlo a usted y a su familia, usted tendrá un tipo de credibilidad que los cabilderos simplemente no pueden igualar.

Y como usted vive en su comunidad, no en Washington, usted tiene acceso directo a otros actores que ningún miembro del Congreso puede ignorar. Usted puede atraer a la prensa de su localidad—que muchos miembros del Congreso consideran más importante que la prensa nacional. Y también tiene la oportunidad de unirse o formar coaliciones con grupos en su área para oponerse a cierta legislación, e incluso para trabajar a favor o en contra de su representante en el Congreso.

Finalmente, usted tiene la ventaja de jugar de local. La mayoría de cabilderos viven en o cerca de Washington, y provienen de todo el país—de hecho, de todo el mundo. Usted, por el contrario, es de la misma región que su miembro de la Casa de Representantes y del mismo estado que sus senadores. Ustedes tienen experiencias, cultura, jerga, y hasta amigos y conocidos comunes.

Esto lo coloca un paso adelante en lo que podría ser la labor más importante de cualquier lobista, profesional o ciudadano: establecer una buena relación con un miembro del Congreso. Puede que no siempre estén de acuerdo entre ustedes, pero si su representante sabe que usted puede ofrecer valiosos análisis desde su perspectiva local o argumentos constructivos que pueden sumarse a lo que él o ella escuchan de otros, se ha avanzado bastante en la tarea de nivelar el campo de juego.

No quiero restarle importancia a la influencia que tienen los lobistas profesionales. Actualmente existen varios miles de ellos, y la mayoría realiza su trabajo de manera hábil y diligente. Pero para un ciudadano común y corriente que tiene algo que decir, esto debería constituir un reto en el peor de los casos, nunca una barrera. Las cartas le serán desfavorables solo en la medida que usted lo permita.

(Lee Hamilton fue miembro de la Casa de Representantes de Estados Unidos por 34 años y es ahora el director del Centro del Congreso de Indiana University).

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